CRISIS en Caleta TUMBES: ventas BAJARON un 40% en solo dos meses y locatarios optan por CIERRE en días HÁBILES

Los colores fuertes y diversos de las embarcaciones menores que adornan la costa de Caleta Tumbes parecen ser el contraste vivo de la realidad económica que golpea a esta localidad de Talcahuano.

Su borde y cordón culinario aparecen vacíos por estos días. Un cuadro opaco que difiere totalmente de cuando a mediados de los 90´ comenzó a gestarse este polo gastronómico como una actividad estratégicamente complementaria a las tareas de mar de sus habitantes.

La cadena de producción era clarapescadores y buzos recopilaban la materia prima, y sus familiares las ponían a disposición del público en diversas preparaciones, bajo el techo de las mismas casas particulares que hoy mutaron a restaurantes.

Origen de la crisis

Algo ocurre en Caleta Tumbes que el público simplemente se alejó. La “Agrupación de Dueños de Restaurantes de Caleta Tumbes” estudia de cerca esta situación y según sus cálculos hay una caída de 40% en las ventas, en las decenas de centros comida típica que imprimen la identidad de esta península.

Rita Sanhueza, presidenta de la organización comenta que los números a la baja han sido de forma explosiva, y los encontró sin mayor capacidad de reacción ya que la fuga de turistas ha sido en los últimos dos meses. “Semana Santa. De ahí en adelante el negocio se arruinó”, dijo.

Preocupación en la pesca

A un costado del monumento a San Pedro, patrono de los pescadores, y primera señal del ingreso al muelle de la caleta, los trabajadores artesanales aparecen de manos en los bolsillos. Conversan y ríen entre ellos. Un acto que se está haciendo repetitivo cuando la demanda laboral es mínima.

“Estamos saliendo a pescar hasta tres días a la semana. Es que no da para más”, advierten.

Rita Sanhueza analiza el fenómeno. Desde la agrupación que ella dirige, y que alberga a 11 locales gastronómicos, sostienen que en el tramo de enero a abril de este año hubo un incremento de turistas y las ventas se alzaron hasta un 80%.

“Fue el momento para poder pagar créditos hipotecarios, deudas con los bancos en general, ya que estuvimos un año y medio a puertas cerradas por la pandemia”, comentó está comerciante con 27 años de trayectoria.

La inflación que atraviesa al país sería el punto de partida de la crisis local, dice Sanhueza y sus asociadas. La lectura del gremio es que la coyuntura económica y el alto costo de la vida han hecho que la gente priorice cubrir sus necesidades básicas antes que salir a comer a la costa.

“Tumbes siempre operó de lunes a lunes. Hoy hay comerciantes que están abriendo tres o cuatro días a la semana. Lo más críticos solo días festivos”, advirtió la dirigenta.

”HOY CERRADO” este tipo de letreros artesanales toman cada vez más presencia durante la semana en un centro gastronómico que ha operado de lunes a lunes desde hace más de 20 años.

Consecuencias

El cierre parcial de los locales ya ha traído las primeras consecuencias laborales. Algunos empresarios gastronómicos han tenido que despedir personal terminando con plantas de trabajadores reducidas a la mitad.

A pocos metros de los puestos establecidos los hombres de mar mantienen la charla. La sombra de la cesantía se acerca, o por lo menos eso dicen temer. “Estamos en decadencia”, advierte Esteban Tapia, pescador artesanal del sector.

Este “Tumbino”, cuenta que desde hace dos meses que solo tiene trabajo tres días a la semana. Aventurarse a entrar más al mar es perjudicial para sus ingresos ya que a falta de público las cocinerías no requieren de su servicio y eso gatilla a que no hay como amortiguar costos de producción, como el petróleo de los motores fuera de borda. “La Sierra, la jibia, el marisco… no hay cómo venderlo. El público está llegando solo viernes, sábado y domingo. Las cocinerías me encargaban piure toda la semana, ahora con suerte solo tres días”, recalcó Tapia, cuestión que corroboran sus compañeros. Si bien ahora tienen pocas entregas han tenido que subir sus precios.

Menos gente, alza en los precios

En un día se semana algunos comerciantes registran la ocupación de una mesa por hora. Solo ayuda a recuperar gastos de operación, mientras que en otros casos simplemente nadie consulta por la carta del día.

Estrategias para seguir en pie son varias. Frente al incremento de los productos del mar la opción es comprar al por mayor y guardar. Ana Badilla, dueña de “Punta Norte” desglosa ejemplos como “la caja de piures antes estaba a $8.000 y ahora llegó a $10.000. El costo de la caja de pinzas de jaiba era de $5.000 y hoy está en $18.000. La caja de almeja ya llegó a los $55.000 cuando antes el valor era de solo $18.000”.

Desde el Servicio Nacional de Turismo (Sernatur) del Biobío confirman la crisis. Coinciden en que en esta localidad distante a unos 10 minutos del último radio urbano del puerto (Cerro Las Canchas), comienzan a aflorar los carteles de “Cerrado”, en días que por décadas eran sinónimo de horario de colación.

Carolina Godoy, directora (s) del Sernatur Biobío, comentó que “conversando con locatarios, si bien el fin de semana largo anterior fue bueno, comentan que en general en los días de semana han visto una leve disminución del público. Esto lo podemos a atribuir al tema del momento económico y que quizás la gente se está preparando para las vacaciones de invierno”.

Pero el momento crítico se extiende por las caletas del Gran Concepción. Lirquén (Penco) y Lenga (Hualpén) se suman a las voces de preocupación y advierten que lo de Tumbes es algo que recorre al sector culinario del borde costero.

En el local “Patrón del Mar” de Lirquén nivelan la poca llegada de turistas con los precios de cada preparación. Marcela Saavedra, propietaria de este restaurant contó que “el precio de la carta subió un 50%. No llega público y los productos están muy caros. Para el Día de la Mamá vendímos un 80% menos en comparación al último Día de la Mamá previo a la pandemia. Y ante eso tenemos que aprovechar las pocas ventas que hacemos. Hoy solo abro tres veces a la semana”.

En Lenga la situación es idéntica. Nancy Chamorro lidera el restaurant “San Lorenzo” desde hace 20 años y en este momento dice que “el marisco y el pescado para cocinar está un 20% más caro o más. Público no se ve. Estamos con un déficit de un 50% en nuestros ingresos”, detalló.

DÍAS GRISES se viven en esta localidad de Talcahuano frente a Isla Quiriquina. Su calle principal y veredas ya no rebalsan en público. Dos o tres días a la semana revierten, por algunas horas, la situación.

Campañas

Desde las tres localidades hay otra cosa en común. Piden que las autoridades e instituciones públicas promuevan sus caletas. La fuerte promoción de sus labores y ofertas serían claves para acabar con este escenario, dicen.

“Estamos pronto a publicar una licitación para tener una campaña comunicacional grande para la Región del Biobío. Esto por medio de un Fndr del Gobierno Regional (…) esperamos contar con esta campaña ya en agosto para la promoción regional”, adelantó Carolina Godoy.

De acuerdo a datos del Barómetro de Turismo del INE de mayo de 2022 la actividdad turística en Chile y en el Biobío, en general, mejoró como era de esperar tras la cancelación de las medidas más restrictivas de la pandemia. Según el estudio hay un 95,8% de variación al alza “en las ventas de Actividades de Restaurantes y de Servicio Móvil de comidas con respecto al mismo mes (abril) de 2021. Sin embargo, respecto a igual periodo de 2019 la variación fue de +8,1%”.

En términos de empleo a nivel regional, las plazas laborales del turismo tuvieron una variación de un 33,6% anual, en base al trimestre móvil de febrero-marzo-abril de este año.

Todo lo anterior repercute en los comensales. Caroll Ruiz, de Talcahuano, dice que desde el año pasado ha optado por el sistema de entrega en casa de uno de los locales de Caleta Tumbes. Si bien sostiene que la calidad sigue siendo alta su queja es que “los platos están más pequeños”.

Otro punto que reconocen los mismos empresarios es que la distancia del público se explica por problemas de competencia, asegurando que en el último tiempo en Tumbes ha comenzado el comercio ilegal.

“Las empanadas y platos fritos que preparamos con todos nuestros permisos al día ahora los encuentras en la vereda y nadie pone fin a ese problema”, expresó Rita Sanhueza.

“El comercio ambulante está dañando el negocio”, sumó Rosa Mora de “Delicias del Mar” quien al momento de esta entrevista su restaurant contaba con la totalidad de sus sillas arrumbadas sobre las mesas dispuestas para el público… el que claramente no aparece.

“Por hoy pusimos en la ventana el cartel de Cerrado”, concluyó.

Fuente : Diario Concepción

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