La Firme #3 Naya Fácil, influencer “Mis padres me veían como la más loca de la familia, la que no iba a lograr nada”

Sostener una conversación con Nayadeth supone un verdadero desafío, porque cada cinco o diez minutos, tal vez menos, alguien aparecerá. Mientras conversa con el diario pop, por ejemplo, la escena se repite al menos cinco veces. Y ella, a sus “facilines” no les puede decir que no. Se acercan de a dos, de a tres, en grupos, la saludan y le piden por favor una selfie, grabar un saludo. Incluso le regalan un coyac. En la calle, desde los autos tocan la bocina y le gritan. De eso se trata ser una celebridad. A ella le sigue sorprendiendo, pero le resume a La Cuarta que lo valora, porque sabe que esto puede acabar y, más importante, sabe todo lo que tuvo que pasar para, por fin, poder disfrutarlo.

Es extraño para mí el cariño de tanta gente, pero lo valoro mucho. Cuando salgo, cuando estoy en el supermercado o en el lugar donde ande, siempre se acerca más de alguien a saludarme y, pucha, siempre me doy el tiempo con ellos, porque son mis “facilines”. Les tengo mucho cariño a todos. Siempre les doy datitos, cosas…, más que seguidores, para mí son como familia. Ellos me ayudan hasta para tomar decisiones importantes en la vida. Les hago una encuesta y ellos me hablan.

En dos semanitas más va a salir un videoclip que grabé en Nueva York. Viajé para allá diciembre, y uno de los fines fue grabar un videoclip parecido a los anteriores, donde la gente se va a reír mucho con las frases. Igual hay una parte de actuación mía en el video, que está bastante entretenida. Ojalá la gente lo vea.

Mi objetivo en la música es más de entretención que de un contenido profesional. Me gusta darle una vez al año un contenido distinto a mis seguidores, que disfruten, y donde yo lo pase bien igual. Esta canción, por ejemplo, tiene varias frases muy chistosas. Yo amo las cámaras, entonces, pa’ mí, todo lo que tenga que ver con cámaras, videos, yo feliz. Y eso incluye los videoclips, donde está una todo el día grabando, maquillándose, donde te peinan. Es maravilloso.

“Naya Fácil” para mí es todo, me encanta. Tuve una etapa más o menos complicada en mi vida, donde no sabía si estudiar, trabajar, no sabía hacer nada. Tomé varios cursos de belleza, pero no me gustaba, no me sentía cómoda. Entonces, de repente, pensé “a mí me gusta la vida fácil, ¿por qué tengo que andar haciendo distintas cosas?”. Me sentía obligada, que la sociedad sí o sí te obligaba a estudiar…, y no, un día dije ¡stop!, voy a hacer de mi vida lo que a mí me nazca. Ahí empecé a vender videos, a hacer distintas cosas. Nunca me quedo estancada sólo en algo. Y el fácil es por eso. Escuchar que me griten ahora Naya Fácil es maravilloso, porque siento que es mi nombre. Es lo que me llevó a un gran grado de felicidad, y logré muchas cosas con ese nombre.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Lo primero que hago en el día es tomar mi celular. Abro un ojo y me grabo al tiro: “Chiquillos, ¿cómo están?”. Es lo primero que hago, grabarme, y después lo demás. Transmito mucho en vivo, pero más en las noches. Durante el día salgo a hacer trámites y no siempre grabo tanto. Salgo en Uber todo el día. Hubo un tiempo en que me estaba levantando muy tarde, estaba carreteando mucho hace unos tres meses atrás. Estaba muy lanzada a la vida. Y ahora, hace como dos semanas o tres, estoy full levantándome temprano, cambiando mis hábitos.

Cuando la gente me pregunta por qué soy conocida, qué hago, siempre miento. Les digo que soy cantante, a veces he dicho que fui actriz. Ya cuando me preguntan en serio, les digo que comencé a vender contenido pero actualmente no me dedico a eso, que ahora trabajo con mis redes sociales. Y me dicen “¿y qué haces en tus redes sociales?”. Nada, les digo, que muestro mi día a día, la realidad de alguien a la gente.

Mis padres, para mí, no existen. Yo hace más de seis años que no tengo relación con mi padre y hace dos años y medio no hablo con mi madre. Ellos no saben nada de mí, yo no sé nada de ellos. Bueno, no sé si sabrán… cuando yo hago los “en vivo”, me afecta igual un poco saber que mucha gente que me sigue, sabe que yo tengo mi casa, mi auto, mis cosas, y no poder contarle a mis padres, “mamá, papá, me compré una casa”, decírselo a ellos.

Mis padres me veían como la más loca de la familia, la que no iba a lograr nada. Vivía con ellos, pero faltaba mucha comunicación, nunca hubo consejos, enseñanzas de valores. Me veían como muy perdida, pero era porque a mí me gustaba ser muy libre. Y yo tenía muy claros mis objetivos: lo que quería lograr…, no sé, ponte tú, cuando tenía un poco de dinero sabía cómo invertirlo. Entonces, ellos nunca valoraron nada de mí. Me costaba muchísimo eso. Cuando era chica me afectaba mucho, pero hoy ya no.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Todavía el tema con mis padres no está superado al 100%. Porque igual a veces me afecta. Por ejemplo, el otro día salí a la calle y una señora, calculo que de la edad de mi mamá, me abrazó y me dijo “Naya, dale con todo, no estés ni ahí con la gente que te tira mierda, tú puedes”, y me gustarían esas mismas palabras de mi mamá. A veces igual como que comparo y son cosas que me duelen, pero he sabido vivir con eso.

Veo perdida la relación con ellos. Pucha, mi hermana vive con mi mamá y siempre le pregunto. Como hace dos años yo no hablo con ella, le pregunto si pregunta por mí, si quiere saber cómo estoy o dónde estoy, y no tiene interés. Con mi papá nunca tuve buena relación, pero me gustaría un interés de mi mamá y ella no quiere saber nada de mí. Yo soy muy independiente…, entonces ahora, aunque llegaran, quizás ya no sentiría lo mismo, porque he llevado tanto tiempo este dolor.

Quizás he llenado el espacio de mis padres con mis seguidores¿cachái? Por eso les pregunto: chiquillos, ¿está bien esta compra? ¿Cómo cocino? ¿Cómo hago esto? A veces la gente me dice “Naya, tú te haces”, pero yo de verdad no sé hacer muchas cosas. He aprendido a hacer prácticamente todo sola en la vida. Los busco mucho a ellos. Son parte fundamental de mi vida. Cuando comencé a hacerme un poco conocida como Naya Fácil, yo estaba en un momento muy malo de mi vida, me intenté suicidar muchas veces. Entonces, ellos me ayudaron a salir adelante.

No me he metido a terapia, pero me han hablado muchos psicólogos. Me buscan muchísimo. Hubo un tiempo en que demasiados: me estaban hablando más de 10 psicólogos al día. Así como “Naya, yo te ayudo”, “Naya, por favor”…, algunos me ofrecían sus servicios por canje. Pero yo nunca acepté ninguno, porque de verdad tenía miedo al diagnóstico. Creo más en la energía, qué sé yo, quiero estar feliz, voy a estar feliz. He tratado de llevarme por ese lado.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Voy a cambiar mi nombre completo, sólo me voy a quedar con Nayadeth. Lo demás lo voy a renovar: voy a cambiar mis dos apellidos y mi nombre. Lo haré junto a mi hermana, porque es una decisión que las dos tomamos en conjunto.

Mi relación con mi hermana es buenísima. Tenemos casi la misma edad, nos llevamos por un año, yo tengo 24 y ella 23. Lo malo es que a ella no le gustan las redes sociales, a mí me encantaría que a ella le gustaran. Hubo un tiempo que la intenté incorporar: le pedí que me grabara los videos y que hablara, que dijera lo que quisiera de mí. Traté de que se familiarizara, pero no, no le gustó. De hecho las fotos…, cuando salimos y se me acercan, ella se aleja. Es muy contraria a mí. No le gustan nada las cámaras.

Postulé a la Escuela de Carabineros… ¡iba a ser paca! Y no quedé por el examen psicológico. Igual es preocupante, por eso me da un poco de miedo la terapia. Mi mamá me inscribió. A los 17 años yo era media locatelli, yo creo que ella quería poner algo más de firmeza y me inscribió. Fui a hacer los exámenes, a la escuela, todo el trámite. Pero no quedé por el examen psicológico y también por el físico, jajaja. ¡No podía ni correr! En verdad, igual me hice… es que yo no quería quedar. A mí no me gustaba, pero mi mamá quería que yo fuera, era su sueño.

No quiero que le formen la vida a mi hermana tampoco. Mi mamá estaba viviendo sus sueños en mí, entonces me empecé a dar cuenta y dije, no, eso es lo que te gusta a ti, lo que me gusta a mí lo voy a formar a medida que pasen los años, la vida. Y eso mismo le he dicho a mi hermana. A mi hermana le gustan mucho los libros… le digo, bueno, entonces hazte una librería, vive con tus sueños, pero que no permita que nadie le pase a llevar eso.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Vendí contenido por necesidad más que nada. No sabía qué hacer con mi vida, no me sentía cómoda y uno siempre se va por lo más fácil. Y a mí me gusta lo fácil. Yo no soy como esas personas que dicen, pucha, a mí me gusta sacrificarme. Yo le digo siempre a mis seguidores: si a mí se me presenta una oportunidad fácil, a mí me gusta.

A los 12 o 13 años empecé a meterme en el mundo del contenido adulto. Veía reportajes en televisión, de prostitutas y me llamó mucho la atención. Que ganaran dinero así. Era pequeña, así que nadie me enseñó: yo investigaba, averiguaba, y comencé a vender videos. Primero sin mi rostro, solo del cuerpo. Después empecé a incorporar de a poco mi rostro. Después empecé con los videos personalizados, que eran como los videos más virales que se hacían. Cuando comencé a vender videos tenía 15 o 16 años. Estuve vendiendo hasta como los 19.

Hay mucha discriminación en el mundo de la prostitución. Yo no tenía nada operado, vendía videos cuando era natural. Y quizá no era tan atractiva como ellos esperaban para pagar un servicio. Entonces discriminaban mucho. Te tratan mal, te hacen ver como si fueras nada. Te bajan mucho: “yo te pago, tú haces lo que quiera”. Te miran como un títere, como patrones de fundo. Aguanté por lo monetario, pero igual desde chica a mí me gustaba seducir a hombres. Entonces, mezclé las dos cosas y, claro, traté de ganar lo que más pude. Después comencé a salir, porque me vine a Santiago y me sentía muy sola.

Yo vengo de Villarrica. Full del sur, pero viví muchas cosas allá, así que vengo muy marcada. Por ejemplo, yo no he podido ir a Villarrica. Me da miedo, porque hay mucha gente… está mi papá todavía allá.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Cuando me vine a vivir a Santiago, mis papás se separaron muy mal. Mi papá nos quería ir a quemar la casa, incendiar todo, nos dejó una nota y nos fue a robar todo, ¿cachái? Nosotras, si no nos veníamos a vivir a Santiago, nos mataban a las tres. Mi papá nos amenazó así. Nosotras vivíamos en un sector súper rural, entonces no había mucha ayuda. Llamaba a los Carabineros, pero me acuerdo que cuando llamaba, porque había violencia, se demoraban 45 minutos en llegar. O sea, cuando mis papás ya se habían pegado. Muchas veces los tuve que separar con cuchillos. Era muy fuerte.

La violencia intrafamiliar me marcó, por eso no he podido estar en pareja. He tenido muy buenas oportunidades, he estado conociendo gente, pero automáticamente bloqueo a alguien que se quiera acercar a mí, porque me da mucho miedo que alguien me levante la mano, que alguien me agreda. Lo viví en el mundo de la prostitución, entonces sé cómo es. Ahí quizás lo aguantaba más, porque era un poco que me pagaban… hubo otras veces que ni siquiera me pagaron el servicio. Pasa de todo.

Me alegra haber salido del mundo de la prostitución. Fue un proceso de mi vida donde ya aprendí, y no me gustaría volver tampoco, porque lo pasé súper mal, sobre todo psicológicamente. Me pedían videos que tampoco me gustaba hacer, y los hacía igual…, me pasó de todo. Videos que me quedaron marcados hasta el día de hoy. Entonces, a veces me da lata, me acuerdo, pero trato de aceptar y digo, ya, es mi pasado, yo ya no soy así. La gente no entiende eso.

Mi pasado me ha enseñado de todo. Hubo un momento en el que quizás lo odiaba, pero ahora lo acepto y puedo decir que gracias a mi pasado, soy la yo actual, yo como persona, y que tengo las cosas que tengo. Supe aprovechar todo. Los aprendizajes, sean buenos o malos.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Estoy saliendo con alguien, nadie me había tratado como él. De hecho, quizás nos vamos a ir a la playa. Pucha, yo estaba con alguien antes y él estaba en un ambiente de drogas, de todo eso, y yo estaba tratando de salir de ese ambiente. Entonces, tenía muy ahí encima todo. Y ahora estoy conociendo a alguien que, pucha, igual trabaja, no tiene hijos, no se droga, no toma, es muy sano. Y me estoy dando un poco el espacio de conocerlo, porque me he sentido sola. Es súper amoroso. Ve mis historias, cuando estoy mal y va a mi casa, me lleva una rosa, un chocolate, me llama todo el día. Cuando despierto, veo el WhatsApp y tengo un mensaje de él. Entonces, es muy atento. Y para mí es muy raro recibir cariño cuando nunca un hombre antes me entregó cariño. Lo valoro mucho y ojalá que dure. Igual me da miedo, incluso a veces he pensado en bloquearlo por eso…, por el miedo al compromiso, a pesar de que sea bueno.

Desde pequeña, mi sueño era tener un hogar, una casa. Yo tenía 12 años y pensaba en tener mi casa, porque sentía que teniendo mi casa propia me sentiría realizada, tranquila. Y de ahí podría pensar en otras cosas, en gustos. Pero lo más grande que quería era eso. Y apenas llegué a Santiago, hice todos esos trámites. Con esas mismas lucas que junté vendiendo videos y cosas, me compré mi primer departamento, que no es quizás el gran departamento, está de hecho en una población, pero es mío, ¿cachái?

Hubo unos tíos míos que le mostraron a mi mamá todos mis videos (sexuales) que se habían hecho virales. Le dijeron “mira cómo anda tu hija”. Yo vivía con ella y mi hermana, las tres juntas, pero ahí se cortó la relación mal, como en el 2019. Ella me quería levantar la mano. Antes, le había dicho a mi mamá más o menos que yo me dedicaba a un mundo… pucha, que yo igual bailaba, coqueteaba, pero nunca tan explícito. No le dije la verdad al 100%. Entonces un tío le mostró los videos, mi mamá no lo podía creer porque eso para ella era terrible. Y claro, quizá para cualquier mamá, poniéndome ahora en su lugar. Tuvimos una discusión súper fea, ella me quería pegar, yo la eché del departamento, pero no se fue. Y ahí pensé…, yo ya no vendía videos, me dedicaba a hacer publicidad, y me puse a juntar, a juntar, hasta lograr la casa que tengo actualmente. Me fui de ahí y nunca más tuve relación con ella. Me olvidé del departamento, que se quede ella viviendo ahí.

Me quiero operar para no tener hijos. En un momento me lo cuestioné mucho. Un tiempo, como te comentaba, me sentí muy sola, y me vi quizás, pucha, con un hijo… pero la verdad ya no. Lo dudé, pero ya me decidí. Porque me da miedo el mundo en general, cómo está. Además, de lo que pueda vivir por ser yo su mamá. Y me gusta mi vida actualmente, cómo soy yo, libre. No podía tener ni siquiera un perrito, porque soy una persona muy relajada: me puedo levantar a las 6 de la tarde un día, no hacer nada…, y no me gusta que me hueveen. Si vivo mi vida muy a la mía es porque nunca me gustó trabajar con jefes, tener horarios… y un hijo te priva de muchas cosas en la vida.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Me da mucha risa cuando abro Twitter y me veo en los Trending Topic. Me pongo a leer los tuits y me pelan bastante… no es algo que me afecte, pero sí he aprendido mucho. Cuando hablan mal de mí, trato mucho de tomar las críticas para mejorar. Llegó un momento en que yo peleaba con todos los que me criticaban, pero ya no. Si me dicen algo, trato de irlo mejorando. Lo tomo como una crítica constructiva. Igual, hubo un tiempo en que sí me sentí súper mal. De hecho, caí en el hospital un par de veces, porque llegó un grupo de gente en redes sociales que se fue contra mí. Y estaba pasando un mal momento, ponte tú, físico, no me sentía atractiva, súper mal, llegué a odiarme, ahí me intenté suicidar, y pucha, claro, me afectaban mucho los comentarios.

Cuando me caí de la estatua en Plaza Italia pensé que había quedado inválida. Me dijeron “quédate quieta, porque te vamos a tocar las extremidades para ver si las sientes”. Me shockeó muchísimo, fue súper cuático. Siempre he sido de asistir a las marchas, este año no he podido porque he estado con mucho compromiso, pero antes, con el Estallido social, sí. Y en el Día de la mujer fue eso. Me saludaron, me empezaron a gritar “¡Naya! ¡Naya Fácil!”, y empecé a subir a la estatua. En ese tiempo ocupaba uñas acrílicas grandes, no me alcancé a agarrar bien de la cuerda y me caí. Cuando me caí perdí la consciencia totalmente, no me acuerdo de nada hasta que desperté en el hospital. Me pusieron puntos, se me abrió la cabeza porque me pegué en la esquina del cemento. Fue fuerte, porque nunca había tenido un accidente. Todavía no me crece el pelo en la herida, jajaja.

Me afectó mi físico cuando no me quedaba nada bueno. Nunca recibí críticas de mis seguidores diciéndome “Naya, estái gordita” o cosas así. Además, siempre he sido una chica súper alegre, que me mostraba comiendo, muchas cosas, completos, micheladas, tortas. No me afectaba, en la calle la gente me abrazaba, me decía “que estái linda”. Pero cuando me afectó fue cuando nada de mi ropa me quedaba buena. En mi casa, ninguna. Las calzas, nada. Llegó el día en que no tenía ropa para salir, y dije “chuta, ¡estoy mal, cómo nadie me dijo!”, jajaja. Intenté bajar, pero me di cuenta que sufría de mucha ansiedad. Decía ya, hoy no como, y a la tarde estaba comiendo muchas cosas: tres o cuatro completos, dulces. Llegó un momento en que comía a escondidas de mis seguidores. Les mostraba una galleta y debajo de la cámara tenía tres más, ¿cachái? No sé qué habrá llevado a eso.

Me quiero operar de nuevo. Yo ya me hice rinoplastia, la papada, liposucción, abdominoplastia, implantes mamarios… y los comentarios me daban lo mismo. Me siento súper feliz, contenta conmigo misma. Pero me gustaría quizás volver a moldearme…, es que no me cuidé la cirugía, jajajaja, ¡llegué y comí sushi acá al tiro! Entonces, con una liposucción más quedaría bien, conforme. Estoy evaluándolo.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Mi auto y mi departamento eran mis grandes metas, estaba totalmente enfocada. Las de este primer semestre de este, yo soy mucho de ponerme metas. Y para el segundo, tengo uno de los desafíos más grandes. Yo creo que eso incluye casi a todos mis seguidores… no lo pensé mucho, pero me gustó y dije “voy a probar terreno”. No soy mucho de contar, pero espero lograrlo antes de fin de año. Solamente puedo decir que es muy innovador y que no es algo para mí, sino como para mis seguidores. Es algo que vamos a vivir todos juntos, nos va a beneficiar a todos.

He pensado ser creadora de contenido en otras plataformas. Me lo han comentado… también de participar en podcasts. Pero quizás me gusta más hacer otras cosas. Llevo mucho tiempo en las redes sociales, desde como los 12 en Facebook, y me he dado cuenta que desgastan mucho, demasiado. A mí me gustaría seguir teniendo esta misma cercanía que he tenido…, bueno, igual yo subo cien historias diarias, que es como una hora y algo, pero para mí son quince segundos cada vez que quiero, entonces no se nota tanto. Un programa o lo que sea de ese tipo es muy desgastante, entonces quizás más adelante me gustaría.

Me gustaría tener un programa de cocina. Me encanta cuando me van ayudando mis seguidores en los “en vivo”. He llegado a tener como diez mil personas conectadas, cocinando una sopa vegetariana. Hacer algo de cocina me encantaría. Siento que lo paso muy bien yo, después como, me ven, es muy entretenida la dinámica. Si algún día tuviera uno, mi primera invitada sería la Pamela Díaz. Es que de verdad me río bastante con ella, me parece muy simpática.

Pensé en mandarle un mensaje a Karina Oliva, disculpándome o algo así. Cuando Karina me contactó y me dijo que ella quería hacer un live conmigo, no me imaginé que iba a tener tal impacto. Yo no la ubicaba mucho a ella, igual averigüé un poquito antes de hacer el “en vivo”. Y, pucha, igual me gusta la política, opinar, conocer más allá, pero al principio me había molestado un poco por todo lo que pasó, lo que se había dicho, que perdió por mi culpa. Ella se vio bastante afectada con lo que pasó. Me dio lata. Al final no le escribí, porque había pasado un tiempo y cada vez que pasa algo en política, vuelve a salir y vuelve a salir.

Yo nunca he buscado ser un ejemplo. Lo digo siempre: quiero que conmigo la gente se entretenga, se ría, lo pase bien, se ría de mí o conmigo, me da igual, ¿cachái? Pero que ellos me vean solamente como ven una serie, tipo entretención. Pero yo no soy ejemplo para nadie. Yo no me siento ejemplo, porque quizás la gente sí, me ve, con mi auto, mi departamento, pero la gente no sabe qué cosas pasé yo para estar ahí. Porque ya, quizás físicamente yo no me sacrifiqué levantándome a las 5 de la mañana, ni nada, pero psicológicamente quedé mal…, tanto por mis padres, por los seguidores, por el impacto de cambiarme del sur, de no tener ni una tele, a Santiago, que todo es más rápido. Cuando era chica, no tenía cable, electricidad, pasé muchas cosas. Mi vida no es tan fácil como se pudiera pensar. Me gusta decirles a mis “facilines”, chiquillos, la vida es tan fácil, pero yo sé que no lo es. Es terrible complicada.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Ahora públicamente no diría si votaré por Apruebo o por Rechazo. Estoy averiguando, leyendo, porque quiero informarme. Este año voto. Yo nunca voté antes, porque no estaba inscrita acá en Santiago, y hace poco cambié mi registro electoral y cumpliré con mi deber cívico. Por eso estoy informándome muchísimo, porque quiero algo bueno para mí y para la gente. Pero eso me lo voy a guardar totalmente, jajaja.

El tussi me pilló débil y me atrapó como cualquier droga…, me costó mucho salir. Sufrí mucho en mi casa, tuve las manos sudadas, le tuve que decir a mi hermana que me fuera a acompañar. Salí de muchos círculos, bloqueé a mucha gente, me alejé de mucha gente. Diría que me encontró en un momento de debilidad. He tenido problemas como todos, pero nunca para caer en una adicción de ese nivel… sólo me pilló débil. Pero, ¿sabís? Estoy súper orgullosa de haber salido de ahí. Que la gente me vea ahora limpia y todo eso. Hace un rato me pidieron una foto y me dijeron “Naya, no le hagái más a eso”. Siempre me lo dicen: “Naya, tú puedes más que eso; mira lo que lograste; no caigas más”. Yo estaba perdida. Más de dos años metiéndome algo que tal vez me llevó a subir tanto de peso. Para mí estar así, lúcida, que llevo dos o tres meses, me tiene feliz. Hasta me siento más clara en mis ideas. Estoy más tranquila.

Me sigo sintiendo un poco sola. Quizás por eso me estoy dando el espacio para que mi hermana esté junto a mí, adoptamos a dos perritos, el Tomy y el Jerry. Y aparte también me doy ese espacio para conocer el cariño de pareja, porque igual hay momentos de mucha soledad. Eso no ha cambiado tanto. Estoy tratando de conocer otro tipo de gente, y sociabilizando con mucha otra gente que tiene otros sueños, porque era de círculos muy cerrados: si conozco a alguien, me quedo con ese alguien, no conozco más gente, y eso me llevaba a tener una mentalidad más cerrada.

Soy súper inmadura, te lo juro. Cambio todavía mucho de opinión. Soy una mujer a la que le gustan mucho los negocios, eso sí. Pero en lo que tiene que ver con madurez, yo cambio muchísimo. Ahora te dije no, no quiero tener hijos. Quizás mañana sí quiero. Soy muy inmadura hasta en mis decisiones. Cuando voy a decidir algo, hasta el final no sé si hacerlo o no.

Me hubiese gustado ser bailarina. Porque me gustan mucho los escenarios. Bailarina más urbana. De hecho, estaba en clases pero mis papás me sacaron de la escuela. Es lo que me gustaba cuando chica. Si me invitaran a un programa de baile, igual iría, haría lo mejor que pueda, sería entretenido.

Mi sueño pendiente es viajar más en la vida. Quiero mostrarle a mis seguidores otros lugares, otras culturas, he viajado poquito. Me gustaría volver a Colombia: allá la gente era muy simpática. Mostrar más cosas de allá. A México igual, dar vuelta al mundo. Pero antes quiero estar bien acá, bien establecida.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

Tengo varias cábalas. Por ejemplo, los 24 de junio hago rituales, muchísimos. Es como un nuevo año nuevo (We Tripantu, año nuevo mapuche) y siempre me baño en sal. Tengo varias creencias bien fuertes ahí. Lo hago desde los 12 años, muchísimo tiempo. Ese día se hacen muchas cábalas muy potentes. En el sur se ven muchas cosas potentes… es una noche donde se abren muchos portales; uno los ve si pa’ bien o pa’ mal, pero yo los trato de ver para limpiarme de todo.

El dolor que me perseguirá toda mi vida es no tener relación con mis padres. Me gustaría que, así como muchos ven mis historias, ellos me vieran, se rieran conmigo, hicieran “en vivo” conmigo, por último presentarlos…, que contaran cómo soy yo, cómo era cuando chica. Lo voy a llevar siempre, hasta el final de mis días.

No tengo una picada en especial, me gustan todos los lugares donde haya papas fritas. Cualquier lugar que venda papitas fritas, rústicas, las que sean. Las amo.

Cuando por primera vez junté plata, como a los 12, me compré mi primer celular. Y ahí comencé a conocer las redes sociales un poco más. Me descargué Facebook y empecé a cachar más el mundo.

Me gustan las manos de los hombres. Me fijo mucho en las manos en general. A veces ando en algún lugar y ando mirando las manos de los hombres. Me gustan muchísimo. No sé, es como mi debilidad. Me gusta mucho la forma.

Escuchaba más reggaetón, pero ahora estoy escuchando más música en inglés. ¡Hasta el rock me gusta! Cuando estoy en mi casa, estoy aprendiendo a escuchar otro tipo de música. Estoy escuchando Aerosmith, por ejemplo, me gustan. A veces hago aseo y los pongo de fondo, me hace pensar en otras cosas. Porque el reggaetón, puro que me imagino carretes.

Foto: Juan Farías / LA CUARTA
Foto: Juan Farías / LA CUARTA

No me gusta el fútbol y nunca he ido al estadio, pero quiero ir. Quiero vivir la sensación y esa experiencia. Y si tuviera que elegir, pucha, me gusta el Colo Colo. Algún día voy a ir al Monumental.

El otro día lloré con un capítulo de Breaking Bad, porque me vi muy identificada. Esa serie estoy viendo ahora. Es la del profesor que era químico y empezó a hacer drogas…, y me ha afectado muchísimo. Me sentí identificada por el nivel al que te puede llevar la droga, y uno a veces no lo ve, pero desde fuera sí. Me ha afectado mucho, estoy aprendiendo mucho y me ha ayudado mucho a darme cuenta de que ahora estoy por el camino correcto.

Cuando fui a Colombia para operarme, vi la serie de Pablo Escobar. Quería vivir esa experiencia de ver una serie colombiana y estar en Colombia, jajaja. Entraban al cuarto y me preguntaban si estaba bien con ese acento, y me sentía como en el momento. De hecho, me quedé en el hotel donde se quedó la familia de Pablo Escobar, entonces fue muy único.

Soy muy llorona con las películas. Lloro con todas las de amor. Y veo películas donde hay personajes con enfermedades, como de cáncer y cosas así, más trágicas. Cuando tengo pena y me siento como que no quiero nada con la vida, veo películas de gente que está quizás peor que uno, y uno no valora su vida. La veo como consejo, para valorar mi vida y no sentirme deprimida por tan poco. Yo no tengo consejos de nadie, no tengo una mamá, un tío, alguien mayor que me diga “Naya, sal adelante, tú podís”, incluso no tengo a nadie a quien contarle mis problemas personales, ¿cachái? Hasta las decisiones…, no sé a quién decirle o sentir apoyo, entonces me refugio en estas cosas.

Creo demasiado en el horóscopo. Soy sagitario, nací el 3 de diciembre de 1997. Creo demasiado, averiguo mucho; de hecho, si estoy saliendo con alguien, averiguo los signos y veo la compatibilidad, jajajaja. Veo a Pedrito, a todos. Cuando fui a Mega, me regalaron unas piedras que significan mi signo, y lo encontré un regalo muy lindo, porque yo creo mucho en las energías. Me encanta ser sagitario… para mí sagitario es libertad absoluta. Ser libre, viajar, somos aventureros, adrenalina.

Es contradictorio, pero a mí igual me gustaba vender videos. Me gustaba exhibirme y no hacerlo ahora me da un poco de lata. Porque a veces yo he tenido relaciones en todo ámbito…, a veces salgo, conozco a alguien, y entregarme a alguien sin que me vean, me da lata. ¡Por mí que me estuvieran grabando!, jajaja. A veces digo, pucha, ¿por qué no vuelvo a vender contenido? Me lo he planteado, es como un bicho raro, pero después digo que no.

Si pudiera invitar a tres personas a un asado —vegetariano, porque soy vegetariana—, sería a Bad Bunny, porque amo a ese hombre, me encanta; Albert Einstein, porque me gusta y me gustaría hacerle muchas preguntas; y…, a ver, Leonardo Farkas, jajaja. Me gustan los negocios, entonces me gustaría preguntarle cosas, como asesoramiento. Ah, y si puedo agregar a otro: Arturo Vidal. Me cae súper bien, me gustaría compartir unos copetes con él.

Naya Fácil es una chica muy libre, feliz, que trata de ver lo mejor de la vida.

Fuente: la cuarta

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