Yo no lo elegí 1-5

YO NO LO ELEGÍ

5 años, 6 años, no recuerdo muy bien, camino por entre los árboles, frío y hambre quizás pase más de una vez, mi madre, una mujer que a veces se «caía al litro», decían algunos, yo no se mucho, era muy pequeño para acordarme, trato de hacer memoria y no lo consigo, MANUEL me grita mi mamá…

Lo que si recuerdo es el pan amasado que nos servía, la humedad de una casa llena de necesidades pero también llena de sacrificio, eramos 5 hermanos, todos seguidos, desde Juan el mayor con 11 años hasta rebeca la menor con meses, mi mamá, dentro de lo poco que tenía nos daba lo mejor que podía, temprano se levantaba a hacer pan amasado que vendía en el centro de Osorno, nos dejaba solos, pero casi de forma inconsciente sabíamos que hacer, la población Rahue Bajo de Osorno al parecer no era de las mejores, pero para mi y mis hermanos era nuestra vida…

Esa vida que para algunos es «precaria», pero para nosotros era el paraíso, árboles, un enorme patio, calles llenas de basura pero para nosotros un espacio de juegos…

Todo normal hasta que un día, en mi afán curioso de investigar todo lo que me rodeaba salí a dar una vuelta a la cuadra, maldigo aquella decisión, como quisiera volver el tiempo atrás para no salir nunca de mi hogar…

Recorrí un par de cuadras y me adentre a lo que podríamos llamar un terreno baldío, atravesando aquello vi muchos árboles que me llamaron la atención, seguí caminando atraído por los extraños ruidos que emitían los grillos y sapos que me imagino existían entre medio de la humedad de aquel sector…

Estaba fascinado con aquella mágica aventura, no me acordaba de hermanos, de casa, de nada, mi idea era recorrer lo máximo posible…

Avanzaba por aquel sendero hasta que un ruido me detuvo, era una señora con una carpeta, cara de buena, avanzó rápidamente hacia donde estaba, me tomó de la mano y luego en brazos, que haces aquí bebé, me dijo..

Y no estaba ni en un bosque o algo parecido, sino en la parte posterior de una cancha de tierra, detrás de unas casas, la señora al verme sin zapatos, con un chaleco viejo y los mocos colgando se asusto…

Caminando en brazos de ella me dijo que estaba flaquito, me pregunto donde vivía y le indique mi casa, la cual estaba a pocos metros del lugar donde me encontraba, me tocó los piecitos y me imagino los encontró congelados, para mi era normal salir así, tenía zapatos pero me apretaban y prefería tener mis pies libres…

En brazos de esta mujer avancé hasta mi casa, me pregunto mi nombre y le dije Manuel, me pregunto mi edad y le abrí la palma de mi mano para mostrarle los 5 deditos, me pregunto si asistía al colegio y le contesté que no….

Llego a la puerta de mi casa, empujó sin preguntar la puerta y avanzó segura, como si fuera la dueña de casa, como si tuviera todo el poder del mundo

Salió mi hermano mayor corriendo y preguntando quién era, ella, cuál dueña de la situación pregunto por mi madre y si estaba, mi hermano le dijo que no y que llegaría tarde, ella me dejó en el suelo y comenzó nuevamente el interrogatorio con mi hermano, su nombre, edad, si iba al colegio y si había comido, él respondió a todo que si, preguntó por mi padre y con Juan ambos nos miramos, no conocíamos a nuestro padre, y nos quedamos en silencio, luego de aquello se levantó, miro alrededor, pudo observar que habían cajas de vino, harina botada en el suelo, no había calefacción ni siquiera el vidrio de un par de ventanas…

Anotó todo aquello en un cuaderno, dejó una citación a nuestra madre y se fue…

No sabíamos quién era, mi hermano poco y nada sabia leer así que no prestamos importancia a lo que había pasado…

Entrada ya la tarde, cuando el frío pasaba sin pedir permiso por los huecos de las paredes es que llega nuestra madre…

Ella feliz con sus bolsitos vacíos, había vendido todos sus panes amasados, estaba jubilosa, con el dinero recaudado compró dulces y regalos para todos, venia con dos hermanos menores, ellos felices por que veían a mi madre feliz..

Llego y nos abrazó fuerte, como olvidar sus ojos llorosos indicando que le habían ofrecido trabajo, que un caballero la había visto y le había ofrecido algo en una panadería, era el empujoncito que esperaba hace ya bastante, nos abrazó a todos y dijo que la cosa cambiaría, que por fin saldríamos adelante…

Feliz corrió hacia el almacén de la esquina a comprar carbón para ponerle al bracero, era genial tener calor al interior del hogar, pocas veces al mes nos dábamos aquel lujo, pero sin duda era una ocasión especial…

En medio de la once con té y un pancito con huevo mi hermano recordó la visita de la señora, y corriendo fue a buscar el papel que había dejado en el mueble…

No sabia lo que estaba escrito pero al ver la cara de mi madre supe al instante que no era nada bueno, su cara se desfiguro y dejó caer el papel al piso al igual que su cuerpo al sillón viejo que teníamos…

Dentro de lo que mi mamita balbuceaba aprendí dos palabras que recordaría hasta el día de hoy…

OPD y SENAME….

YO NO LO ELEGÍ 2

«No sabia lo que estaba escrito pero al ver la cara de mi madre supe al instante que no era nada bueno, su cara se desfiguro y dejó caer el papel al piso al igual que su cuerpo al sillón viejo que teníamos…

Dentro de lo que mi mamita balbuceaba aprendí dos palabras que recordaría hasta el día de hoy…

OPD y SENAME»

Silencio… Toda la alegría que traía mi madre se había esfumado con aquella citación, yo no podía entender como una mujer puede tener el poder de decidir lo que es bueno y lo que no lo es, mi madre nuevamente volvió en si tras un par de minutos ida…

Nos hizo la once con aquel pancito relleno de huevo, y al medio de la pieza un bracero nos llenaba de calor, el mismo calor combatía cont el frío que se colaba por la enorme cantidad de orificios de nuestra casa, quizás para muchos aquello era una pocilga, para nosotros era una mansión, nuestra mansión…

Luego de aquella once llena de comida nos fuimos a acostar a las dos camas que soportaban a 6 personas, mi madre dormía con dos hijas y mi hermano mayor con dos hermanos, recuerdo bien aquella cama, de un colchón duro, de lanilla, según mi madre nos hacía bien para la espalda…

Asi dormía nuestra familia y a las 6 de la mañana volvíamos a la vida para ayudar a nuestra madre a hacer su delicioso pan amasado, entre todos mezclavamos los ingredientes, reíamos y disfrutábamos del poco momento en que nuestra madre hacia maravillas con harina y agua…

Supe que durante el día mi madre visitó un par de hermanas, aquellas que le habían vuelto la espalda, aquellas que la veía como bicho raro por tener tantos hijos y por no tener marido, y hay que ser sinceros, la trataban como una desconocida y hasta una pordiosera…

La recibían, juntaban comida y se la daban…

Ella les fue a pedir, más bien a ROGAR se pudieran hacer cargo de los 3 hijos menores pues había ido una asistente social y la habían citado a una OPD…

Dentro de su humildad mi madre sabía lo que significaba aquello, era la posibilidad de que le quitaran a sus hijos, a la única razón de vivir, a su motor…

Y las hermanas la miraron feo, como siempre, por encima del hombro y humillandola, mi madre nunca les había pedido un favor, así que le dijeron que SI, que sería un mes, pero luego debían irlas a buscar…

Mi madre feliz se fue a la casa, estaba confiada de que con dos niños a su cuidado, la asistente social no podría quitárselos…

Llegó el día decisivo, me arreglaron de la mejor forma posible, me peinaron y junto a mi hermano mayor y madre acudimos a la oficina de la OPD para pelear por mi custodia, no podía creer que a una madre le podían quitar a un hijo por SER POBRE, una condición que muchas veces no dependía de ella, sino de las decisiones o de la suerte…

El edificio era frío y los colores grises, la señora junto a otra le bombardeaban con preguntas a mi madre, la que mirando al suelo le respondía lo que podía, según las señoras ella no estaba capacitada para velar por mi CUIDADO PERSONAL, que lo mejor sería entregarme al cuidado de otra familia de más recursos, que ya debería estar en kinder, que no podía andar por la calle a pie pelado con estos fríos, mi madre llegó un momento en el que lloraba y lloraba, no sabía cómo enfrentarse a aquellas dos barreras que de a poco la separaban de mi…

En un momento me dejan a solas con ellas, según para conocer y saber mi opinión, cerraron la puerta e hicieron que mi madre saliera, yo comencé a llorar y a culparme por lo que sucedía, ahí las señoras me tranquilizaron y me dieron un dulce, no me preguntaron nada, lo único que las escuché decir es que en «Concepción» necesitaban a uno, que la «Rosa» ya había hecho el contacto y que yo calzaba perfecto con las indicaciones…

No le tomé peso a lo que decían, menos a lo que vendría después…

Hicieron pasar a mi madre y apenas lo hizo me ubiqué detrás de su falda, casi como exigiendo que me protegiera…

Las señoras le dijeron que estaba todo decidido, que hablarían con el juez «Smith» para pedir mi custodia, mi madre lloraba y lloraba, les pedía y rogaba que no lo hicieran, que ella ya tenía un trabajo, que no venderia más en la calle, ellas no escucharon, solo llenaban papeles y cerraban cartas…

Lo que sucedió después puedo describirlo como el inicio de mi pesadilla, como un infierno al cual fui obligado a asistir…

Mi pecado? Querer conocer mi entorno, el pecado de mi madrecita? Ser pobre…

YO NO LO ELEGÍ 3

«Las señoras le dijeron que estaba todo decidido, que hablarían con el juez «Smith» para pedir mi custodia, mi madre lloraba y lloraba, les pedía y rogaba que no lo hicieran, que ella ya tenía un trabajo, que no venderia más en la calle, ellas no escucharon, solo llenaban papeles y cerraban cartas…

Lo que sucedió después puedo describirlo como el inicio de mi pesadilla, como un infierno al cual fui obligado a asistir…

Mi pecado? Querer conocer mi entorno, el pecado de mi madrecita? Ser pobre.! «

Nos fuimos de aquella oficina de la OPD con rabia en el corazón, con rabia en el alma, mi madre trataba de ser fuerte, pero las lágrimas caían de igual manera, caminábamos de la mano los tres, teníamos pena, teníamos rabia…

Si alguna vez pase frío?… Si, no lo niego
Si alguna vez pase hambre? Si, no lo niego
Si me faltaba ropa y quizás juguetes? Sin duda que si
Pero las cosas materiales no importaban NADA cuando estábamos todos reunidos en la mesa comiendo un pan amasado con margarina, cuando mi madre me daba un abrazo, cuando con mis hermanos jugábamos a la escondida, eso nunca se me preguntó, eso nunca fue tomado en cuenta, esas malditas asistentes sociales me vieron como una PRESA, como una forma de tener dinero fácil, aprovecharon la ignorancia de mi madre, la desidia de sus hermanas y la pobreza…

No pasó ni un mes cuando llego el fatídico día, dos asistentes sociales llegaron a mi casa acompañadas de Carabineros, los cuales ni se inmutaron ante mi llanto o las súplicas de mi madre, la orden era perentoria y emanada por el Juez (dios) Smith, tenía que irme a una casa de acogida, era lo «mejor» para mi, era lo que «necesitaba»…

Luego de unos minutos de lucha vino la resignación de mi madre, si bien su interior estaba destrozado, tenía que darme fuerzas para enfrentar mi destino, aquel destino que un par de viejas de mierda habían decidido…

Les preguntó si debía llevar algo, ellas le dijeron que no, que me darían todo nuevo, igual mi madre preparo rápidamente una vieja mochila de una hermana con un par de prendas de ropa, un par de zapatos y lo más importante de la vida, un pan amasado en un mantel de cocina…

Como me hubiera gustado tener abrazado ese pan por todos los años siguientes, era mi conexión con mi madre, era mi trozo de ella, era su alma en un pan…

Me entregó la mochila, me besó las manos y con su aliento las calentó como siempre lo hacia, mi hermano mayor me abrazo y me entrego su juguete preferido que era un pequeño batman, sabían que quizás no me verían por un tiempo, las señoras les decían que lo ideal sería que me fuera con otra familia, mi madre como leona decía que su hijo no debía irse con nadie, que ella luchará cada segundo hasta recuperarme, esas palabras llenaron mi corazón de esperanza, algo que sin duda me hizo soportar lo que vendría después…

La despedida fue feroz, mi madre llorando, yo gritando y mi hermano corriendo detrás del furgon policial que me trasladaría al hogar de menores, las dos asistentes sonriendo como si hubieran cumplido su aberrante labor y los carabineros al parecer con un poco de sentimiento de culpa ya que uno le decía a otro que le cargaban esos procedimientos…

A través de la ventana pude ver a mi madre como se desplomaba en el suelo de rodillas, casi como rogando, casi como si la vencieran las fuerzas…

Adiós mamá, me abrazare de tu pancito amasado por siempre…

Asi comenzó mi nueva vida, me dirigieron a un hogar del sename en Osorno, si mal no recuerdo quedaba en la calle Eleuterio Ramírez, ahí me bajaron y casi tironeando me hicieron entrar, me aferraba a mi mochila como si estuviera mi alma allí…

Me llevaron a una fría pieza al final del pasillo, ahí me esperaba una fría litera con una delgada frazada y sabanas viejas, no me preguntaron si había comido algo o si deseaba entrar al baño, tan solo me abandonaron…

Me tire en la cama y abrí mi mochila, ahí estaba un pedazo de mi madre, su pancito amasado que me sirvió para abrazar y poder dormir…

En la madrugada desperté con el llanto de niños que estaban en otras piezas, nadie los hacía callar, nadie se preocupaba de su estado, me imagino que ni siquiera había alguien despierto para cuidarnos…

Asi llego la mañana y una señora de golpe entró a mi pieza, me abrió las cortinas y me destapó completamente la cama, me dijo, YA FLOJO, A LEVANTARSE, yo hice caso al instante, me tomo de la mano y me llevo al baño donde una fila de niños esperaba a ducharse, ahí recibí mi primer «paipazo», que era un golpe fuerte en la cabeza, me lo dio otro niño más grande, que con ese acto reafirmaba su liderazgo…

Paso la ducha y nos hicieron vestirnos con ropa que tenían preparada, una tibia leche y una galleta fueron los alimentos…

Pasé el día de oficina en oficina, eran como pequeñas entrevistas, al terminar el día y estando en mi pieza me llamaron para irme, yo no preguntaba nada, me pasaron una chaqueta y me hicieron lavarme de nuevo..

Pedí traer mi mochila pero la señora de la mañana me dijo fríamente que la HABÍAN BOTADO, yo miré hacia el suelo y nuevamente me puse a llorar, me habían quitado el único vínculo con mi familia, me quedaba solo el juguete de batman en mi bolsillo…

Salimos con una mujer hacia el terminal de buses de la ciudad, le pregunte donde íbamos y me dijo que a un nuevo hogar…

Vi el bus y decía CONCEPCIÓN, yo no conocía aquella ciudad y lo único que pensaba era como mi madre viajaría a aquella lejana ciudad, antes de subir al bus la señora hizo una llamada desde un teléfono público..

Habló de que llegaría mañana y que llevaba el encargo, un nombre resonó en mi mente, CIUDAD DEL NIÑO, RICARDO ESPINOZA DE HUALPÉN….

YO NO LO ELEGÍ 4

«Vi el bus y decía CONCEPCIÓN, yo no conocía aquella ciudad y lo único que pensaba era como mi madre viajaría a aquella lejana ciudad, antes de subir al bus la señora hizo una llamada desde un teléfono público..

Habló de que llegaría mañana y que llevaba el encargo, un nombre resonó en mi mente, CIUDAD DEL NIÑO, RICARDO ESPINOZA DE HUALPÉN»

El viaje fue interminable, me senté en la parte de la ventana para ver hacia afuera, pensaba en que podría ver mi casa desde ahí arriba, era un bus de dos pisos, pasaban las luces y postes, pero nunca pude divisar mi casa..

Tenia miedo de preguntar, tenía miedo de decir algo, ahí estaba sentado al lado de una señora que solo se dedicó a dormir, roncaba como un oso, y yo no podía ni siquiera cerrar mis ojos…

Pasaron no se cuantas horas de viaje, donde en mi mente pasaban mil y una películas de lo que me podría suceder, pensaba en cómo podría mi madre visitarme, como podría viajar tanto, sabrá al menos donde me llevan??

Pasaron unas 7 o 9 horas, nunca supe, y llegamos a un terminal gigante, al lado había un estadio, nunca había visto una construcción tan grande en mi vida, estaba alucinado con aquella formación semi redonda que se elevaba ante mis ojos…

Luego de bajar y recoger nuestro equipaje (en realidad era equipaje de ella, yo no traía nada más que un pequeño muñeco de batman en mi bolsillo) nos dirigimos hacia la salida, ahí caminamos un par de cuadras hasta llegar a un paradero donde tomariamos un bus llamado «Las Bahías»…

Fueron unos 40 minutos los que estuvimos arriba del bus, pasamos por el centro de Concepción y con asombro veía esa cantidad de edificios, locales comerciales y mucha gente alrededor…

Pasando un colegio grande y una virgen nos bajamos, cruzamos una línea del tren y avanzamos por un camino de tierra, ahí, en medio de la nada asomaba una entrada, caminamos y ella me indicó que ese sería mi nuevo hogar, era como una casa de campo gigante, en medio de muchos árboles, varias casitas, entramos y un curita de pelo blanco nos estaba esperando…

«Hola papi Rene», le dijo la señora, yo estaba agazapado detrás de ella, él muy simpático saco de su bolsillo una pastilla y me la dio, sin preguntar ni decir nada, yo la recibí y el me regaló una sonrisa…

La señora que venía conmigo le indicó que yo era una petición de la «Tía Vicky» y que estaría pocos días allí, él le dijo que yo podría estar todo el tiempo que deseara…

Nuevamente el papi Rene, como le decían se acerco a mi, me pregunto mi nombre y le contesté MANUEL, luego me pregunto mi edad y abrí mi manita como siempre lo hacia, el revisó mis papeles y se rió, mi hizo abrir mi otra mano y añadir un dedo más, ya tenía 6 y no los 5 que pensaba…

No se que tenia aquel tío, pero provocaba en mi paz y tranquilidad, al parecer no era todo tan malo, quizás era verdad lo que decían aquellas señoras, el papi Rene le dijo a la señora que la tía Vicky se encontraba en la cabaña 3 y que podría llevarme ahí, ella rauda me tomó de la mano y nos dirigimos hacia el lugar…

El lugar donde me encontraba era parecido a mi casa, mucha vegetación, muchos árboles y un ambiente campestre que me recordaba el hogar…

Avanzamos al lugar indicado y ahí otra señora nos recibió, al instante nos hizo pasar a una pieza y se puso a hablar…

Traes los papeles?, recuerda que el niño está pedido, el papi Rene no sabe nada, así que trataremos de pasar desapercibidas se decían…

Yo escuchaba todo sin entender nada de lo que hablaban, era como si me estuvieran VENDIENDO A UNA PAREJA de buena situación, pero no creía fuera verdad…

Se escucharon unos pasos y al instante ellas salieron de la pieza, era el papi Rene que venía a verme, quería que yo mismo eligiera ropa para vestirme, ellas asintieron y me dejaron ir con el…

Nuevamente me dio otro dulce este caballero de pelo blanco y sonrisa fácil, me llevo a un ropero donde habían decenas de prendas, zapatos y ropa interior, me dijo «elige lo que más te guste», yo lo quede mirando y con mucho miedo saque unos pantalones y una polera….

El se rio a carcajadas, me dijo que debía tener ropa para todos los días, así que mínimo eran 7 tenidas, yo feliz escogí la ropa que me gustaba, nunca había tenido el privilegio de elegír algo, siempre mi ropa fue entregada por mi madre o por mi hermano que me regalaba lo que a él le quedaba chico…

Luego de llevar la ropa a lo que sería mi hogar, me llevo de la mano a un comedor donde me presento a unos 20 niños, ellos muy educados se pusieron de pie y escucharon cuando el tío rene les dijo :

Les presento a su nuevo hermano, su nombre es Manuel….

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«Luego de llevar la ropa a lo que sería mi hogar, me llevo de la mano a un comedor donde me presento a unos 20 niños, ellos muy educados se pusieron de pie y escucharon cuando el tío rene les dijo :

Les presento a su nuevo hermano, su nombre es Manuel»

Ahí estaba en aquel espacio junto a un viejito bonachón y muchos niños, habían de mi edad y más grande, no me sentí ajeno ni excluido, al contrario, me sentí integrado al instante…

Todos los niños corrieron a abrazarme, al parecer era un rito que seguían cuando llegaba uno «nuevo», todos me preguntaron de donde venía, que me gustaba y que juegos me sabía.

La verdad es que me trataron super bien, habían obligaciones como la hora de levantarse y los talleres, donde aprendiamos a hacer cosas, plantar semillas y clavar una que otra cosa…

Los domingos eran los días tristes, ahí algunos tenían visitas, las visitas hacían que todos nos sintieramos mal, ya que no había un regalo o un abrazo para quienes estábamos solos, y yo no era el único, habían decenas de «hermanos» que al igual que yo, les acompañaba la soledad…

Y esos domingos me instalaba en mi pieza con un papel y lápiz, con un poco de imaginación y mucha nostalgia me ponía a dibujar a mi madre y hermanos, trataba de plasmar en papel lo que mi pequeña mente aún recordaba…

Cada dibujo o garabato que hacía los domingos los guardaba en un cuaderno debajo de la cama, junto a mi batman (el juguete que me regalo mi hermano) se iban transformando en esos tesoros que juntas y proteges cuando niño…

Habían veces en que el «Papi Rene» me hacía sentar junto a él en el patio, ahí me hablaba de mil historias y me preguntaba de mi familia, de como había llegado a su hogar, le explicaba dentro de lo que podía toda la historia y el me miraba extrañado, se que trató muchas veces de buscar mi dirección o teléfono donde contactarse con mi madre, pero los datos que traía a la llegada eran muy confusos y vagos…

Creo que pasaron unos 4 meses desde mi llegada hasta que otro pequeño niño arribó al hogar, creo era menor que yo y el Papi lo presentó igual que a mi, su nombre era «David», creo ser el primero que se le acerco y abrazó…

Nos hicimos amigos, no costó mucho para formar un lazo de aquellos que no se rompen, eramos cómplices y confidentes, él tenía un año menos que yo, nos guardabamos las galletas, los dulces y cuanto confite podíamos hallar en la cocina o en algún cuarto privado…

A los 8 meses de estar en este hogar una noticia comenzaría a cambiar mi destino, una familia al parecer quería adoptarme, era el «negocio» de la que las asistentes hablaban cuando me robaron de mi madre, así me lo hizo ver la tía Vicky, que había gestionado el traslado…

Los meses en el hogar sirvieron para ver mi carácter y personalidad, al parecer no querían un «tarzan» de campo, sino un niño tranquilo…

Y así lo había demostrado, según su opinión, estaba listo para partir…

El papi Rene no estaba muy de acuerdo, pero a ya su avanzada edad era muy poco a lo que se podía oponer, la tía Vicky y otra señora de a poco se estaban adueñando del hogar y lo relegaban a labores secundarias…

Llego el día de la partida y con dolor me despedí de mi amigo David, nos juramentamos buscarnos apenas pudiéramos…

La despedida fue triste, al papi Rene se le notaba la cara de pena y mi amigo David no podia dejar de llorar, yo les reí para que no me notaran triste y parti en dirección desconocida…

Un vehículo nos vino a buscar y nos llevo en dirección a lo que sería mi nuevo hogar…

Avanzamos por Colón, pasamos por la vega y nos dirigimos hacia Chiguayante, en la entrada, en un condominio llamado Shaub hicimos el ingreso…

Una casa gigante nos esperaba, una mujer y un perro feo estaban impacientes en la entrada, un hombre mayor estaba sentado en el patio casi ignorando mi llegada…


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