Yo no lo elegí 6-10

YO NO LO ELEGÍ 6

«Un vehículo nos vino a buscar y nos llevo en dirección a lo que sería mi nuevo hogar…

Avanzamos por Colón, pasamos por la vega y nos dirigimos hacia Chiguayante, en la entrada, en un condominio llamado Shaub hicimos el ingreso…

Una casa gigante nos esperaba, una mujer y un perro feo estaban impacientes en la entrada, un hombre mayor estaba sentado en el patio casi ignorando mi llegada»

Ahi estaba yo, con miedo entrando a lo que parecía UN PALACIO, era una casa gigante con un patio enorme, una mujer muy distinguida estaba esperándome, la tía Vicky me repetía una y otra vez que «no la cagara», que tenía una suerte única y que mi vida cambiaría radicalmente, no sería el mismo, sin lugar a dudas…

Entramos bajo la mirada casi inquisidora de aquel viejo que nos miraba de lejos, el no estaba al parecer contento con mi llegada, pero la señora de la entrada era todo lo contrario…

Al terminar aquel patio gigante llegamos donde la mujer que me esperaba, hablo con la tía Vicky y le entrego un sobre bien gordo, según yo era dinero, nunca supe que contenía…

Luego de saludarme con un frio apretón de manos me preguntó el nombre, yo le contesté «Manuel», ella se rio y me dijo, acá te diremos «Manu», ok?, yo le sonreí indicando que no me desagradaba aquel diminutivo…

Me pregunto mi edad y le mostré ya dos manos indicando 6 años, luego me hizo seguirla a lo que sería mi pieza…

Pasamos por el living, la cocina y una sala de estar gigante, sin duda había llegado a la casa de una familia muy importante de la región…

Me mostró mi pieza, un frio espacio de color blanco con una cama de una plaza, una cómoda y un ropero, ni siquiera tenía televisión, decía que le hacia mal a los niños…

Las dos prendas que traía en mi añosa mochila las deje dobladas en la cómoda y me senté en la cama, no tenía nada más que hacer, solo ver pasar el tiempo…

Creo a las dos horas, esa señora nuevamente me vino a ver, ahí recién le pregunte su nombre y me contestó «Karen», no pretendo que me llames madre, me dijo, dime como quieras…

Ahí se sentó a mi lado y me dio un par de ordenes, lo primero y más importante era que no debía ser grosero con el padre de ella, me dijo que se llamaba ENRIQUE y que le gustaba que le llamaran SEÑOR…

Yo la miraba muy atento, escuchando las reglas que debía cumplir, entre otras estaba que no debía pisar el césped y que cualquier cosa que necesitara debía esperar que ella me visitara para pedirla…

Asentí a todo lo que dijo y me llevó afuera para presentarme al servicio o gente que le trabajaba…

Asi me llevo a la cocina donde conocí a Renata, una señora muy simpática que apenas me vio me abrazó y regaló un dulce, me hizo señas para que eso quedara en secreto y lo entendí al instante… Luego en el recorrido por el patio me presento a Felipe, un jardinero y junior que hacía los mandados, el también fue muy amable, y gentil al saludarme…

Luego, entrando al living tocó el turno de conocer al padre de la señora Karen, don Enrique…

Ahí estaba en un enorme sillón leyendo un diario que le tapaba toda la cara, cuando la señora me presentó el ni siquiera bajó el diario, solo asintió con un gemido que me imagino significaba un hola, yo mirando el suelo le dije «buenas tardes señor», el no me contesto, la señora Karen le reprochó ser tan pesado y me llevo a mi pieza nuevamente…

Ahí me dejo por horas y horas, a veces Renata me visitaba para, a escondidas, regalarme dulces y pastillas, yo le agradecía con un abrazo apretado…

Llego la hora de la cena y me llamaron para acompañar a los dueños de casa, la señora Karen, muy risueña se sentó en la mesa y me hizo señas para que yo hiciera lo mismo al lado de ella…

Sin pensar mucho lo hice feliz, recordé las comidas familiares con mi madre y hermanos, estaba feliz de volver a realizar algo parecido, un tazón de leche con chocolate y una enorme variedad de dulces y galletas acompañaban lo que sería un feliz termino de día para mi…

Estaba en ese estado de alegría cuando hizo su aparición el padre de la señora Karen, se acercaba a la mesa despreocupado hasta que me vio sentado ahí…

Hizo una señal de desprecio y llamo a su hija para que se acercara…

Alcance a escuchar cuando le reprochó de «que hacía ese guacho ahí, que le había aguantado bastante, pero que no aceptaría esa humillación»…

La señora Karen salió llorando de ahí rumbo a la cocina y yo quedé paralizado, no sabía que hacer ni donde ir, a los segundos llegó Renata y me llevó a la cocina para salvarme de su patrón…

Ahí, con ella continué sirviéndome la cena, en un par de segundos y con mimos, me hizo olvidar el mal rato vivido hace un instante, junto a Felipe el jardinero nos reíamos y jugábamos, le pregunte que hacía el señor y la familia, Renata me miró seria, me indicó que había tenído un puesto importante en la política y que ahora sus hijos lo representaban…

Yo no le tomé importancia, años después sabría en la casa de quien fui a parar…

YO NO LO ELEGÍ 7

«Ahí, con ella continué sirviéndome la cena, en un par de segundos y con mimos, me hizo olvidar el mal rato vivido hace un instante, junto a Felipe el jardinero nos reíamos y jugábamos, le pregunte que hacía el señor y la familia, Renata me miró seria, me indicó que había tenído un puesto importante en la política y que ahora sus hijos lo representaban…

Yo no le tomé importancia, años después sabría en la casa de quien fui a parar»

Luego de la fallida cena familiar me fui a mi pieza, me fue a dejar la simpática Renata con un plato lleno de dulces, yo feliz me acosté en aquel oscuro cuarto, mirando al techo, preguntándome si todos los ricos vivían así de tristes, si todos los poderosos tenían esas relaciones personales…

A lo lejos podía escuchar como la señora Karen y su padre discutían, yo no sabía que era el causante de aquello, aún así me quede dormido plácidamente, agradecía tener un lugar donde dormir plácidamente, para mi, el cariño de Renata era suficiente para aguantar cualquier cosa…

Apenas amaneció, Renata me fue a despertar para servir desayuno, me pregunto si quería servirme en la cama, yo le respondí que no, que deseaba acompañarla en sus quehaceres..

Ella feliz me paso ropa y juntos fuimos a la cocina, a hacer los desayunos para los patrones, hicimos juntos jugo de naranja, yo se las pasaba y ella las exprimia, me sentía útil, me sentía feliz en aquel lugar..

Al llegar la señora Karen y vernos juntos ella se acerco a saludarme, al verme quería darme un abrazo, yo muy respetuoso le di la mano, ella se rió y me la dio muy ceremoniosa, me pregunto que hacía ahí y yo le dije que deseaba ayudar a Renata, ella rió nuevamente y se marchó…

Asi avanzaban mis días, era enero, así que no tenía muchas responsabilidades ni colegio donde asistir, ya llegaría marzo y con ello un mundo nuevo al menos para mi…

Recuerdo un fin de semana llegó toda la familia a la casa paterna, una tal señora «Coca» era a la que todos rendían honores, todos me habían dicho que ella era muy enojona, que no le respondiera mal, que debía portarme casi como una momia, ya que si algo no le gustaba, lo hacía saber, y fuerte…

Recuerdo que me vistieron con pantalones de tela y una camisa, un cinturón me aseguraba que no se cayera nada y unos zapatos bien lustrados me hacían ver como todo un caballero, Renata se emociono al verme así y pegó un grito de alegría, al contrario, la señora Karen no dio ninguna palabra, al parecer mucho no le importaba como me veía, lo único que deseaba era que no me portara mal…

Luego el momento esperado y comenzaron a llegar los invitados, dos jóvenes eran los hijos y la señora Coca llegó con su esposo y hartos niños, pensé que eran sobrinos, pero todos eran hijos de ella, yo estaba sentado en el sillón casi sin respirar, como me habían dicho, se saludaron todos y ella se acerco a mi para saludarme…

Miro a su hermana y le dijo «así que este es tu último berrinche, no te bastó todo lo que te entregó mi padre, tenias que meterle un huacho a la casa», yo hice como que no me importo y seguí sentado…

Sus hijos eran unos verdaderos huracanes, despedazaban todo y nadie podía decirles nada, en eso se acerco esa jauría donde yo estaba y me tomaron de la mano para ir al patio a jugar, yo miré a la señora Karen, como pidiendo permiso, ella movió la cabeza de forma positiva así que salí con ellos..

De la mano salí corriendo, más bien me llevaban de un ala, como se dice en mi pueblo, corrimos por los prados, hasta que en un lugar donde no me podían ver pararon para hacerme una «broma», me sentaron y me dijeron que no me podía mover, que el juego consistía en que yo era una estatua, nunca dije nada así que mucho no podía alegar…

Pasarían unos 2 minutos cuando de repente pasó un piedrazo por el lado de mi cara, muy cerca, me asusté y me levanté, luego llegó otro piedrazo y otro más, al parecer su «juego» consistía en tirarme piedras hasta darme, me veía en el medio del patio y ellos escondidos entre los arbustos, yo no los veía, pero les gritaba que pararan, que no me gustaba su juego pero a ellos no les importo, seguían llegando piedras a mi alrededor y como podía las esquivaba…

Desde pequeño siempre tuve buena puntería, recuerdo que junto a mis hermanos poníamos unos tarros en el patio y nuestra meta era botarlos, yo siempre ganaba, aunque al principio mi hermano era el triunfador…

De eso me acordé cuando se me ocurrió la pésima idea de tomar una piedra y responder el ataque…

Con tan mala suerte que le dí a la primera a un hijo de la señora Coca, el cual salió llorando en busca de su madre como si le hubieran enterrado un cuchillo…

Me imagino aquella señora siempre defendia a sus hijos, ya que en una milésima de segundo se encontraba a mi lado insultandome de todas las formas y con todas las groserías que conocía y no conocía, todo terminó con un par de cachetadas y patadas que me dejaron tendido en el suelo casi inconsciente…

«Nunca, pero nunca te vuelvas a acercar a mis hijos huacho cul… » fue la frase con la que se despidió de mi y la última que le escuché pronunciar…

Ahí estuve más de 40 minutos botado y llorando sin que nadie fuera en mi ayuda, acostado en aquel frío césped, me acordé de mi mamita, mis hermanos, su pan amasado, pregunte que había echo para estar ahí…

Todo se quebró cuando un fuerte grito me hizo levantarme al instante, era don Enrique, el patriarca de la familia que veía a dar el tiro de gracia, así, llorando y adolorido me gritó que había hecho…

Yo no fui capas de responder, tenia miedo, mucho miedo, lo único que sentí fue un calor en mi pierna, me estaba orinando de miedo, ahí, frente a la persona que podría decidir mi futuro, no pude contener el grito de mi cuerpo, quizás la única forma de expresarme…

Y mi destino quedo sentenciado desde aquel momento, don Enrique enojado partió al interior de la casa y se escucho un solo grito…

Karen, devuelve a ese huacho, no lo quiero más acá…

YO NO LO ELEGÍ 8

«Yo no fui capas de responder, tenia miedo, mucho miedo, lo único que sentí fue un calor en mi pierna, me estaba orinando de miedo, ahí, frente a la persona que podría decidir mi futuro, no pude contener el grito de mi cuerpo, quizás la única forma de expresarme…

Y mi destino quedo sentenciado desde aquel momento, don Enrique enojado partió al interior de la casa y se escucho un solo grito…

Karen, devuelve a ese huacho, no lo quiero más acá!!“

Luego de aquel grito, mi intuición me hizo salir corriendo, no tenia idea de donde, lo único que deseaba era huir, arrancar de aquel martirio, no se lo que pensé, quizás irme donde mi familia, a pesar de lo humilde de mi situación nunca había sido humillado de esa forma…

Vi que se abría el portón de la enorme casa, eran por lo menos una cuadra y media hasta la salida, y mis pies se hicieron humo, corrí y corrí para alcanzar la libertad, mi libertad, no se como a mi edad podía avanzar tan rápido, pero sin duda comenzaba a germinar un bichito que más adelante me provocaría más de un problema, el querer ser libre…

Asi recorrí todo el jardín hasta casi llegar a la libertad, estaba a un paso de salir cuando unos brazos me tomaron en el aire, no me había dado cuenta que de todos los que estaban ahí tan solo una persona pensaba en mi, en alguien había despertado aquel instinto materno, y no era la señora Karen…. Era Renata…

A ella no le importo que estuviera ediondo a orina, que fuera un «huacho», que fuera un pobre personaje…

Con todas sus fuerzas me tomó en brazos y al instante se puso a llorar me decía que no arrancara, que me tranquilizara, que lo mejor era quedarme ahí por ahora…

Yo no le dije nada, pero le correspondi con un fuerte abrazo de vuelta, me bajó de sus brazos y me llevo de vuelta a mi pieza por la parte de atrás de la casa, nadie nos vio escabullirnos por ahí..

Ahí me cambio de ropa y me hizo bañarme, nuevamente me dejó un plato lleno de dulces e hizo que me quedara calladito en el lugar..

Asi pase la noche, pensando en que quizás debía acostumbrarme un poco a los golpes, en que quizás era mi culpa todo lo sucedido, al final mientras estuviera Renata en la casa, todo sería un poco más fácil…

Y así fue por lo menos por un par de días, Renata me iba a buscar temprano, me tenia todo el día en la cocina, jugábamos y luego en la tarde me escondía en la pieza, la idea era pasar desapercibido en la casa…

Todo hasta una madrugada, aquella maldita mañana donde el patriarca de la casa se metió a mi pieza para gritarme que me vistiera, yo al instante accedí y me vestí en dos segundos, al parecer sin que se diera cuenta nadie me subió a su vehículo, yo estaba muerto de miedo, alcance a tomar el juguete que me entregó mi hermano, que era mi amuleto, pensé me protegería de cualquier cosa mala que me pudiera suceder…

Asi salimos de su mansión, pensé a hacer cualquier cosa, nunca imagine que era para irme y no volver…

A medida que avanzaba por su patio hacia la salida volví mi vista atrás para buscar la imagen de Renata, si tan solo hubiera podido despedirme, si tan solo pudiera haberle dado las gracias por hacerme sentir bien aquellos días… Si tan solo….

Pero no, su silueta nunca apareció en el patio ni en la ventana de la cocina donde a veces jugaba a encontrarla…

Recorrimos Concepción hasta llegar a Hualpén, un terreno baldío a un costado del Club Hípico, ahí estaba una señora esperando por mi, a lo lejos podía apreciar una silueta conocida, era la tía Vicky del hogar donde había llegado…

Todo fue muy rápido, ella me estaba esperando, don Enrique le pasó un fajo de billetes y me entrego en sus manos, no hubieron palabras de por medio…

Al tomar ella mi mano recibí mi primer zamarron de reprimenda, me dijo que había sido un estúpido al farrearme tremenda oportunidad, yo la miraba con cara de interrogante, no sabia lo que había sucedido en verdad…

Comenzamos a caminar por el sector, y en mi mente caminaban los recuerdos del papi Rene, de mi amigo David y no vi nada tan oscuro, al contrario, me parecía excelente el volver a un lugar donde me quisieran…

Pero nuevamente estaba equivocado, los pasos se dirigieron a un cerro cercano al Club Hípico, mucha vegetación y una casa vieja y roñosa, no habían niños en el patio y a lo lejos se escuchaban gritos y llantos…

Había llegado a lo que sería mi nuevo hogar, otra aventura a mi corta edad, el principio del infierno, de una historia que yo no escribí, sino que otros hicieron por mi…

Había llegado al hogar de menores Carlos Macera, a un costado de la población Diego Portales…

YO NO LO ELEGÍ 9

«Había llegado a lo que sería mi nuevo hogar, otra aventura a mi corta edad, el principio del infierno, de una historia que yo no escribí, sino que otros hicieron por mi…

Había llegado al hogar de menores Carlos Macera, a un costado de la población Diego Portales»

Apenas entraba en aquel lúgubre lugar pude darme cuenta que no sería una buena estadía, avanzaba entre el frio y humedad del suelo que me acompañaba, un cura salio del interior para recibirme, la tía Vicky le dio un par de billetes y le dijo, «este es», me lanzó a los brazos de aquel personaje y luego el cura me empujó para dentro de la casa, no existió ni una sola risa de recibimiento, ni un dulce como lo hizo el papi Rene, al contrario, empujones y malas caras fueron mis primeros tratos…

El cura, luego de despedirse me tomó del pelo, tal como se toma a un animal y me llevo por un pasillo al patio, ahí donde estaban los demás niños internos, lo que vi me dejo simplemente helado…

Eran entre 15 a 20 niños, de todas las edades, que apenas vieron al cura dejaron de hacer sus actividades y se paralizaron al medio del patio, esperaban quizás una orden o un mandato, en sus caras podía ver tristeza, temor, hambre y desesperación, nunca había compartido con alguien así, si bien yo venía de un hogar con muchas necesidades, tenia algo que quizás ellos nunca sintieron en su corazón… Amor…

Sus pelos estaban cortos todos de la misma forma, los más pequeños tenían los mocos colgando de sus narices, se notaban sucios y desaliñados, sus ropas estaban rotas y algunos no tenían ni siquiera zapatos, yo venía con ropa comprada de mi nueva casa así que todos me miraban con cara de Lobos, tenía un chaleco y unos zapatos cómodos…

El cura me mantenía del pelo y me lanzó al medio de aquellos niños, yo me sentí como comida para leones…

«Ya saben que hacer», les dijo y se retiro con una risa en su boca…

Apenas el cura dio media vuelta, todos se me lanzaron encima, yo me agache para defenderme, pero no me querían pegar, solo querían mi ropa, me sacaron una por una las prendas nuevas que traía y me entregaban las suyas para no quedar desnudo, pude ver como los más grandes se peleaban el chaleco y polera, los más chicos y de mi edad peleaban por mis zapatos e incluso calcetines…

Ahí quedé, en una esquina, muerto de miedo y de frío, acababa de ser atacado por una jauría de niños que deseaban lo que yo traía, no dije nada (como siempre), de mi boca no salió sonido alguno para reclamar por aquello…

Asi estuve por varias horas hasta que llamaron a almorzar, espere que entraran todos para hacerlo yo, un oscuro pasillo me llevo al comedor donde esperaban unos platos de legumbres y un vaso de jugo…

Lo comí con ansias, al querer beber el jugo, un niño más grande que yo, me lo quito y se lo tomó frente a mi, nuevamente mi silencio le permitió su gesto…

Nuevamente al patio luego de comer y más tarde toco irnos al hall y a las piezas, nadie me dijo cual usar, me quedé en un sillón esperando por alguna orden, ahí una señora gorda me agarro del pelo, (al parecer así trataban a todos) y me lanzó a una pieza…

Ahí vi una litera en la que le quedaba un espacio vacío, no pregunte si esa era mi cama o si me tocaba ahí, tan solo me lancé y me tape con la única frazada que tenía, cerré mis ojos y comencé a llorar…

Recordé a mi madre, mis hermanos y mi casa, me culpe (como lo hice tantas veces) de lo que sucedía, por que a mi, que hice mal…

Al terminar mi llanto pude oír que no era el único, habían otros niños también llorando en la pieza, unos gritos en otra pieza y golpes en otra, sin duda había llegado al infierno…

Pasados unos minutos uno de los niños de la pieza pregunto fuerte cual era el nombre del nuevo, yo me sentí aludido y le contesté Manuel y soy de Osorno…

Ahí de a poco se comenzaron a presentar, eramos 4 en esa pieza oscura y helada, todos casi de mi edad, todos con miedo y casi en la misma situación que yo…

Ahí recién me di cuenta que había llegado al lugar donde estaban los «desechados», los conflictivos y los que no serían adoptados nunca…

Uno de los niños antes de quedarnos dormido me dijo que bajo mi cama habían unas zapatillas, no estaban nuevas ni nada parecido, pero que me servirían…

Yo agradecí su ayuda y me dormí entre los llantos y gritos que escuchaba de otras piezas…

Era ya Febrero, todavía quedaba un mes para entrar a clases, de a poco me fui a acostumbrado a la rutina de aquel hogar, era durisimo estar ahí, golpes y retos a todos, pasábamos hambre y frío, pero era lo que nos había tocado…

Recuerdo un fin de semana una agrupación nos vino a ver, traían dulces, regalos y ropa, que preciado tesoro era tener ropa medianamente buena ahí, la dejaron en un sillón y dijeron que podíamos elegir, yo corrí a pescar pantalones y calcetines que necesitaba, pero al estar haciendo eso me vi solo, nadie más estaba a mi lado, todos me miraban con cara de miedo, como si estuviera haciendo algo malo, yo con temor deje las cosas ahí despacio, una de nuestras cuidadoras dijo que «más adelante» eligiriamos lo que necesitábamos, yo deje las cosas ahí y me fui al grupo que me miraba con cara de pena…

Ahí descubrí que ellos no podían elegir nada de lo que les traían, todo pasaba por manos de las cuidadoras, quienes elegían lo mejor y que se pudiera vender para reducirlo, lo malo y que no servía quedaba para nosotros…

Asi lo hacían con la leche, dulces, zapatos, ropa y juguetes que almas caritativas nos traían de vez en cuando…

Aprendí con golpes duros de una cuidadora que nunca más podría ir a elegir algo de lo que nos regalaban…

Una de las noches ya finalizando febrero, a mitad de la madrugada sentí unos pasos a nuestra pieza, entre el sueño y la oscuridad pude ver como a uno de mis compañeros un hombre lo sacaba de su cama, él hizo un ademán de gritar o pedir ayuda, el hombre le tapo la boca y se lo llevó…

Ya sientiendo que sus pasos se alejaban de la pieza es que me atreví a preguntar quien era el y que sucedía, uno de mis compañeros de pieza bajo a mi cama y casi al oído me dijo que era el cura, y a todos una vez al mes o más a veces los llevaba a «confesarse», algo que a mi también me ocurriría y que no debía oponerme o sino me iría muy mal…

Esa noche dormí intranquilo, había descubierto una palabra que nunca olvidaría en mi vida, LA CONFESIÓN…

YO NO LO ELEGÍ 10

«Ya sientiendo que sus pasos se alejaban de la pieza es que me atreví a preguntar quien era el y que sucedía, uno de mis compañeros de pieza bajo a mi cama y casi al oído me dijo que era el cura, y a todos una vez al mes o más a veces los llevaba a «confesarse», algo que a mi también me ocurriría y que no debía oponerme o sino me iría muy mal…

Esa noche dormí intranquilo, había descubierto una palabra que nunca olvidaría en mi vida, LA CONFESIÓN»

Podía sentir como todos tiritaban, como se olía la angustia en el aire, como todos sabían lo que sucedia, pero nadie se atrevia a denunciar…

Paso esa noche y las demás, de a poco me hice más duro, ya no me dolían los coscorrones o los golpes de los niños mayores, aprendí que llorar es sinónimo de debilidad, que si alguien me pegaba debía mirarlo de frente y esperar el otro golpe sin miedo, el dolor de un combo se pasaba a los minutos…

Aprendi también que el verdadero dolor estaba en el corazón, el dolor de no tener a una familia, el dolor de que no te visiten, el dolor de que los domingos estaría solo en la pieza, mientras la mayoría estaba con su familia…

Pasaron los meses y llego el momento de entrar al colegio, algo sin duda nuevo para mi, como muchas veces, gente nos vino a dejar útiles, ropa y zapatos de colegio, pero solo podíamos elegir algo cuando las «tías» ya se habían llevado lo mejorcito para sus casas…

Ahí alcancé, dentro de lo que pude tener, un pantalón usado, una camisa con cuello amarillo y un chaleco azul, zapatos un número menor que lo necesario, pero nuevos, y un par de calcetines blancos, si, no fueron ni azules ni plomos, el blanco era lo que me toco, algunos tocaron dos o tres pares, yo solo uno…

A pesar de todo igual estaba feliz y ansioso de ir al colegio, ahí podría hacer amigos, conocer gente y ser alguien, si podía tomarle el pulso a estudiar, sin duda podría salir adelante, lograr encontrar a mi mamita, eso sin duda era mi mayor motivación…

Asi llego el día tan esperado, no había apoderado que nos fuera a dejar, recuerdo que hacía frío, pero no importaba, mi chaleco era mi coraza, mis calcetines blancos y mi pantalón un poco corto eran mi mejor arma, ahí feliz llevaba mis cuadernos dentro de una bolsa de Falabella, no había alcanzado para una mochila, pero en bolsitas igual podía envolver mis cosas…

Avanzamos por la orilla del cerro hasta llegar al colegio que nos albergaria, yo lo encontraba gigante, se llamaba Arturo Prat, en la entrada nos esperaba un auxiliar que nos saludo muy amable y al instante identificó que eramos del hogar…

Me pregunto mi nombre y reviso una lista para decirme donde ir, yo le dije MANUEL (Y mi apellido), el me busco una y otra vez, pero no había caso, luego me llevo con la inspectora (de nombre Laura) y me dejo ahí…

La señora tenía una mirada seria y me dijo que me quedara ahí, que anotaría a todos los niños del hogar y vería si mi nombre estaba o si se habían equivocado..

A los minutos llegó a mi lado y me dijo, me sobra un MANUEL……, pronunció un apellido, pero no era el mio, ella llamó al hogar y le confirmaron que era yo, no podía creer que me habían CAMBIADO EL APELLIDO…

Luego supe que era algo usual en niños que daban en adopción irregular, para que si las madres los buscaban, nunca dieran con ellos… En ese momento no lo entendí…

Asi me hicieron ingresar a primero B, ahí un grupo de niños me miraron extrañados y una señora me tomaba de la mano, aquella era MI PROFESORA…

Ella me pregunto mi nombre y yo le pregunte el suyo, me respondió ROXANA, luego de aquello me sonrió y me dejo sentarme al lado de una niña…

La niña me miraba intrigada, yo saque de mi bolsita un cuaderno y me dispuse a hacer todo lo que me dijeran…

La tía Roxana nos hizo dibujar cuadrados y triángulos, yo estaba fascinado, de a poco descubría las letras y me intrigaban los números…

Pude conversar con mi compañera y saber que su nombre era Daniela, de sonrisa fácil y cabellera enredada…

Terminó el colegio sin siquiera darme cuenta, estaba feliz, afuera me esperaban los otros niños del hogar para irnos juntos, me despedí de todos y en mi corazón comenzaba nuevamente a nacer la alegría que se había perdido…

Al llegar al hogar volví a la cruda realidad, golpes, empujones y gritos, lo primero que hice fue lavar mis calcetas blancas, debía ir igual de limpio que el primer día, no tenía otras así que como pude las colgué y seque, luego de la cena nos fuimos a dormir…

Estábamos todos cansados, fue un día agotador, en la oscuridad cada uno contó como había estado el día, risas y alegría inundaban la pieza…

Todo hasta entrada la noche, unos pasos sigilosos se acercaban a nuestra pieza, no le tomamos importancia hasta que sentimos la puerta abrirse…

Era el cura, que venía por otra víctima para «confesarse»….


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